jueves, 28 de julio de 2011

3. Último capítulo del viaje.

Para este día a Marikiya y Niño-Tigre sólo les quedaba un camino por seguir: el sendero de la derecha de la montaña. Cierto es que tenía dos versiones, la de más allá de la señal - lo que se traduce por una cuesta arriba con bastante pendiente (que ya la subieron el primer día) - y la de antes de la señal. Como el día anterior fue muy intenso, decidieron ir a por la que más cerca les pillaba. Además, coincidía con la ruta que les habían recomendado para visitar la ermita prerrománica que se encontraba entre las montañas. Hacía un sol de justicia del que no podían protegerse, pues éste se encontraba justo en su cenit. . . es decir, que salieron con tol calorro a las dos de la tarde. Y lo que era peor, acostumbrados a los senderos de cabras y largartijas del día anterior, el camino les parecía mortalmente aburrido.

Niño-Tigre decidió inspeccionar el terreno en sentido vertical - pues hace tiempo que había descubierto que el sendero era una copia del de el día anterior, sólo que a más altura -. Convenció a Marikiya para que le acompañara cerro arriba y allá que fueron por terreno de zarzas. Y la verdad es que improvisando encontraron unas vistas maravillosas.



Allí tendieron una toalla entre varios árboles que les brindaban una zona de sombra y comieron tranquilamente. Descubrieron grandes hormigas e insectos que pululaban por su alrededor, y una garrapata que no habían identificado como tal!!! Pero Niño-Tigre fue rápido y la quitó de en medio. Después de un ratito decidieron volver a la casita, y tuvieron que bajar por donde habían subido. Y como Marikiya se temía, bajar le iba a costar más que subir, pero con la paciente ayuda de Niño-Tigre lo consiguió sin problemas. Ambos caminaban a buen paso, bebiendo bastante de sus cantimploras (hacía un calor bastante agobiante). Niño-Tigre se paraba a cazar saltamontes y a enseñárselos a Marikiya para que ésta fuera poco a poco quitándose el miedo a todos los insectos del planeta. Cuando se acercaban a la senda de lo alto del pueblo se encontraron con un abuelito que iba tan tranquilo en dirección contraria (sin agua ni comida!! - lo que hace la costumbre. . .)


Llegaron pronto a la casita y se retiraron a la terraza de su habitación. En un banco de madera, se acomodaron los dos y charlaron sobre lo que se querían y los planes acerca de otros viajes y de su futuro. También jugaron y se hicieron cosquillas y acabaron teniendo un pequeño accidente en el banco (al final volcó con tanta tontería xD), pero se rieron muy felices. 

Y estos días de convivencia sólo les dieron más ganas de continuar su vida juntos. . . 
Me ha encantado este viaje contigo. Te quiero. ^^

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